domingo, 2 de agosto de 2015

Gente Pequeña




Gente Pequeña (Little People)



"Bran percibió movimiento en la penumbra. La oscuridad estaba llena de ruidos sigilosos que no se parecían a los que pudiera hacer ningún pie humano. Bruscamente, unas chispas empezaron a centellear y flotar en la negrura, como luciérnagas parpadeantes. Se acercaron más, hasta que le rodearon en una amplia media luna. Y más allá del anillo resplandecieron otras chispas, un tupido mar de ellas, que se desvanecía en la penumbra hasta que las más lejanas eran simples puntitos de luz. Bran supo que eran los ojos rasgados de los seres que habían llegado hasta él en tal número que su cerebro se sintió abrumado por la imagen... y por la inmensidad de la cueva.
Ahora que se enfrentaba a sus antiguos enemigos, Bran no sintió miedo. Percibió las oleadas de una  terrible amenaza emanando de ellos, el escalofriante odio, el peligro inhumano para el cuerpo, la mente y el alma. Con mayor claridad que si hubiera sido miembro de una raza menos antigua, comprendía lo espantoso de su posición, pero no tuvo miedo, aunque se enfrentaba al Horror definitivo de los sueños y las leyendas de su raza. Su sangre se agitó ferozmente, pero fue con la emoción cálida del riesgo, no con el impulso del terror.
-Saben que tienes la Piedra, oh rey -dijo Ada, y aunque él sabía que ella tenía miedo, aunque podía sentir los esfuerzos físicos que hacía para controlar sus miembros temblorosos, no había ninguna palpitación de temor en su voz- estás en peligro de muerte; conocen tu estirpe de antiguo... ¡oh, recuerdan los días en que sus antepasados eran hombres! No puedo salvarte; ambos moriremos como no ha muerto ningún ser humano desde hace diez siglos. Háblales, si lo deseas; pueden entender su idioma, aunque tú no puedas entender el suyo. Pero no te servirá de nada. Eres humano... y eres picto.
Bran se rió, y el estrecho anillo de fuego retrocedió ante el salvajismo de su carcajada. Sacando la espada con un escalofriante chirrido de acero, puso la espalda contra lo que esperaba fuese una pared de piedra sólida. Enfrentado a los ojos resplandecientes con la espada agarrada en la mano derecha y el puñal en la izquierda, se rió como gruñe un lobo sediento de sangre.
-¡Sí -rugió-, soy picto, hijo de aquellos guerreros que hicieron trizas a vuestros brutales antepasados como si fueran paja en la tormenta! ¡Aquellos que anegaron la tierra con vuestra sangre y que amontonaron vuestros cráneos como sacrificio a la Mujer-Luna! Vosotros, que huisteis antaño de mi raza, ¿os atrevéis ahora a gruñir a vuestro amo? ¡Caed sobre mí como una marea, si os atrevéis! Antes de que vuestras fauces de víbora beban mi vida, segaré vuestro número como la cebada madura, y con vuestras cabezas cortadas construiré una torre y con vuestros cadáveres mutilados levantaré una muralla! ¡Perros de la oscuridad, alimañas del Infierno, gusanos de la tierra, venid corriendo y probad mi acero! ¡Cuando la Muerte me encuentre en esta cueva oscura, vuestros vivos aullarán por las docenas de vuestros muertos y vuestra Piedra Negra estará perdida para siempre, pues sólo yo sé dónde está escondida, y ni siquiera todas las torturas de todos los Infiernos pueden arrancar el secreto de mis labios!"

"-iTe temen, oh rey! Por los negros secretos de R'lyeh,  ¿quién eres tú que el mismo Infierno se amedrenta ante ti? No es tu acero, sino la cruda ferocidad de tu alma la que ha provocado un miedo desacostumbrado en sus extrañas mentes. Están dispuestos a comprarte la Piedra Negra a cualquier precio."

"Cada vez que recordaba aquel murmullo reptilesco, aquellos ojos rasgados de la noche anterior, una ráfaga de frío le envolvía. Ya eran abominables cuando su pueblo los arrojó a las cuevas bajo las colinas, hacía eras; ¿qué habrían hecho de Ellos los siglos de regresión? En su vida nocturna y subterránea, ¿habrían retenido alguno de los atributos de la humanidad?"
Gusanos de la Tierra, Robert E. Howard





* * *

Los duendes tal y como son conocidos, son criaturas mágicasfeéricas (relacionadas en algún caso con las hadas) y se los describe físicamente como no mayores a un metro, de aspecto humanoide, orejas largas y en punta y de piel verdosa, se caracterizan por ser seres elementales, cuidadores de la naturaleza y el bosque y por ser escurridizos. En una definición amplia para la Mitología de cualquier cultura, se le describe como de aspecto humanoide y muy baja estatura, con algún tipo de poder o conocimiento sobrenatural y provisto de un típico espíritu bromista o malicioso, por el cual se le culpa de todo tipo de daños menores en el entorno doméstico o rural; siendo así, entrarían en la categoría genérica del duende los gnomos, los trasgos, el leprechaun irlandés o el poltergeist alemán.

Este tipo de supersticiones ligadas a los hogares fueron difundidas por todo el Imperio romano, ya que su religión pagana afirmaba que había unos dioses menores, los lares o genius loci, que habitaban una casa a la que estaban ligados con la función de protegerla. A veces estaban asociados a la familia que construyó la casa o que la habitó desde que fue construida, esto explicaría su frecuente relación con los fuegos del altar familiar u hogar, los pucheros o las alacenas. A esto habría que sumar una noción semejante por parte de los druidas, quizá todavía presente en la creencia germánica en los Kobold. Pero esta tradición se presenta también en el folklore de todas las naciones eslavas, donde son llamados domovik, e incluso en el japonés, donde unas criaturas en todo semejantes se denominan zashiki-warashi. Por lo demás, los djinn de los pueblos semíticos poseen características muy parecidas. La superstición, por otra parte, podría tener una etiología bastante elemental: una justificación maravillosa o imaginativa de los ruidos desconocidos que se producen en las alacenas, sótanos o cuevas subterráneas cerradas de las casas, casi siempre debidos a la presencia de pequeños roedores o depredadores en busca de alimento. 

Es más, aparte de su origen supersticioso, la leyenda de la llamada "gente pequeña", como los denominaba en su famoso manuscrito el párroco escocés Robert Kirk, o "duendes", está tan arraigada en unos lugares concretos de Europa (islas británicas) que algunos han llegado a teorizar la posible existencia de un pueblo humano de pequeña estatura ya desaparecido en estas ubicaciones.El historiador islandés Snorri Sturluson se refiere a los enanos (dvergar) como "elfos oscuros" (dökkálfar) o "elfos negros" (svartálfar); pero es incierto si esto refleja la creencia escandinava en su conjunto. Se refiere a otros elfos como "elfos de la luz" (ljósálfar), lo cual se ha asociado a la conexión de los elfos con Frey, el dios del sol (de acuerdo a Grímnismál, Edda poética). Snorri describe las diferencias de los elfos de esta manera:

"Allí [en el cielo] hay un lugar que es llamado Hogar de los elfos (Álfheimr). Las personas que viven allí son llamadas elfos de la luz (Ljósálfar). Pero los elfos oscuros (Dökkálfar) viven bajo la tierra, y no se asemejan en apariencia a ellos - y tampoco se asemejan en la realidad. Los elfos de la luz son más brillantes que la apariencia del sol, pero los elfos oscuros son más negros que la oscuridad en sí." (Snorri, Gylfaginning 17, Edda prosaica)

Mayor evidencia de la presencia de elfos en la mitología nórdica proviene de la poesía escáldica, la Edda poética y de las sagas legendarias. En ellas, los elfos están relacionados con los Æsir, particularmente por la frase común "Æsir y los elfos", que presumiblemente signifique "todos los dioses". Algunos eruditos han comparado a los elfos con los Vanir. Pero en Alvíssmál ("Dichos de Alvíss"), se considera a los elfos como seres distintos de los Vanir y los Æsir, como se revela por una serie de nombres comparativos en los cuales se da las propias versiones de varias palabras para los Æsir, los Vanir, y los elfos como reflejo de sus preferencias raciales individuales. Es posible que estas palabras marquen una diferencia de estatus entre los mayores dioses de la fertilidad, los Vanir, y los menores, los elfos.

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